Mi primer post: Un recordatorio de mi trayecto hasta la actualidad
Esto es básicamente un monólogo que me recuerda mi situación y cuál debe ser mi norte. Lo escribo más que todo para tenerlo como referente, pero si alguien más lo lee, sientase bienvenido.
Desde que tenía unos 14 o 15 años me fui incursionando en el mundo del desarrollo de videojuegos indie. Al principio solo desde la comodidad de RPG Maker, cuando esto no era más que un hobby, pero con el paso del tiempo decidí que quería hacer esto parte de mi vida, pues no ha habido otra cosa que haya disfrutado tanto.
He pasado por pequeñas experiencias en varios motores como GameMaker Studio o Unity, trabajando en proyectos pequeños, aprendiendo aquí y allá. Pero en un principio no pude avanzar tanto como quería. Factores más allá de ser un chico de 15 años me lo impedían: no tenía una PC mínimamente decente y dependía de un internet propio de un país con una de las crisis más grandes del mundo.
Como no contaba con la logística necesaria para meterme de lleno en lo técnico, decidí reforzar la parte artística. Siempre me han interesado los juegos narrativos, esos que te hacen sentir dentro de una historia, como si estuvieras jugando una película. Así que pasé un tiempo en cursos de dibujo y teatro para mejorar mi capacidad de diseñar mundos y contar historias, mientras aprendía por mi cuenta en YouTube sobre estructura de guiones, semiótica, semántica, teoría del color y cosas por el estilo.
A los 18 mi mayor objetivo era conseguir dinero para comprar una PC decente y empezar a hacer mis juegos en serio. Pero en aquel entonces un sueldo mensual rondaba literalmente 1 dólar. ¿Cómo se supone que iba a comprar una PC así? Fue bastante desmotivador.
A los 19 conseguí un trabajo que pagaba unos 30 dólares al mes, pero fue una mala experiencia. Parecía uno de esos locales que rotan empleados de prueba para luego decirles que no están a la altura y no pagarles nada. Fui víctima de eso, junto con otras personas.
Después de eso empecé a buscar trabajo en prácticamente cualquier cosa con tal de reunir dinero para la PC. Recuerdo un abasto que ofrecía 6 dólares a la semana y una camaronera que “pagaba bien”, hasta que entendías que tenías que salir de tu casa a las 4 de la mañana y volver a las 7 de la noche, pasar todo el día en un cuarto frío pelando camarones y, si no alcanzabas cierta velocidad, ni siquiera ganabas algo decente porque el pago era por kilo preparado.
No me fue bien en ninguno de esos trabajos. No logré ahorrar casi nada.
A los 20 finalmente conseguí un trabajo mínimamente decente y pude comprar mi primera PC con la capacidad mínima necesaria: una i3 2120. Antes de eso había estado en una Pentium 4 y una Atom N455. Para mí eso fue un salto enorme.
Con esa PC las cosas cambiaron. Empecé a programar de lleno, a intentar convertir mis ideas en algo jugable. Me puse a hacer un JRPG al estilo RPG Maker, pero con assets propios y un pixel art similar a los Final Fantasy de SNES. Sentía que progresaba bastante, pero algo no terminaba de cuadrar.
Al año siguiente me compré una gráfica básica, una AMD R5 240. No era gran cosa, pero para mí era otro salto importante.
Un día, por curiosidad, abrí Blender para ver qué tal rendía la gráfica. Funcionaba bastante aceptable, pero lo importante fue otra cosa: me enamoré del modelado 3D. Me sentía más cómodo, más práctico, más conectado con lo que quería hacer. Incluso sentía que tenía mejores capacidades ahí que en el pixel art, aun cuando apenas estaba empezando.
Eso cambió bastante mi rumbo. Decidí aprender 3D en serio y luego rebootear mi juego, pero ahora en 3D. Viéndolo en retrospectiva, quizás no fue la decisión más eficiente; probablemente ya habría terminado aquel juego. Pero no me arrepiento. El 3D me acerca más al tipo de experiencia que quiero crear, esas que se sienten como una película interactiva.
Por la misma crisis del país, no me gradué de secundaria hasta 2022. Estudiaba solo los sábados en un programa sabatino para poder trabajar el resto de la semana. Cuando finalmente me gradué sentí la necesidad enorme de entrar a la universidad. Si quería un futuro sólido, necesitaba una certificación formal, y además sentía que tenía huecos en mi conocimiento de programación.
En enero de 2023 empecé a estudiar TSU en Informática. Me gustó mucho esa etapa, especialmente al principio. Dudé si estudiar era lo mejor en ese momento, porque sabía que me consumiría tiempo y yo quería terminar mi juego. Pero decidí hacerlo porque, si el desarrollo de videojuegos no me daba de comer, una carrera profesional probablemente sí lo haría.
Ese mismo año ocurrió el famoso incidente con Unity. No entraré en detalles, pero eso me hizo buscar otras opciones (y sí, otro reboot). Probé Godot y Unreal Engine. Me enamoré de Unreal. Me parece un motor muy completo, prácticamente líder en la industria, y alineado con el tipo de proyectos que quiero hacer.
Ese año también entré en un grupo indie típico que prometía repartir ganancias cuando el juego “venda”. El proyecto no avanzó, pero conocí a un diseñador que empezó a pasarme encargos de modelado 3D que él no podía aceptar. Así terminé 2023 usando Unreal y trabajando como modelador/animador 3D freelance.
En 2024 conseguí un trabajo en una alcaldía. Pagaba poco, pero era estable y compatible con mis estudios. Fue un año muy intenso: universidad, trabajo formal y freelance en 3D al mismo tiempo. Mi proyecto personal avanzó poco. A finales de ese año estaba muy estresado. Pensé en abandonar la universidad o el trabajo, porque sentía que no podía rendir bien en ninguno. Decidí aguantar hasta que algo externo me obligara a elegir. No pasó, y agradezco que no haya pasado.
En 2025 estuve más tranquilo. Se me dañó la PC, pero pude comprar otra, la actual (un i5 14400F, primera vez usando algo tan moderno). Ese año me gradué y renuncié en la alcaldía para cumplir mi “gran plan estratégico”: dedicarme 100% al freelance y tener más tiempo para mi juego.
Pero justo cuando renuncié me llegó una oferta muy bien pagada. Entré. Era una startup sin dirección clara, empezaron a despedir gente y exigían horario de 7am a 5pm, de lunes a sábado. Eso era exactamente lo que quería evitar. Renuncié en noviembre de 2025.
Y ahí llegamos al presente.
Después de renunciar y graduarme sentí una paz que no había sentido en años. No tenía horarios ni responsabilidades. Y eso, irónicamente, me jugó en contra. Entré en un bucle de “descansa, te lo mereces, has trabajado mucho”. Se suponía que eso duraría hasta diciembre. Se extendió hasta finales de enero.
Ahora estamos en febrero. Se me acabaron los ahorros. No tengo ingresos claros. Tengo un SaaS medio hecho, pero no genera dinero todavía. Planeo volver al freelance, esta vez como desarrollador web y no como modelador 3D, porque parece que paga más y se trabaja menos. Estoy puliendo Next.js porque está bien valorado en Fiverr. Supongo que cuando tenga ingresos más estables podré dedicarme de nuevo a mi juego.
Quería hablar aquí sobre mi encrucijada actual con respecto al desarrollo indie y cómo medir mejor el alcance de mis proyectos, pero esto ya se extendió bastante. No me quejo. Honestamente, me desahogué.
Continuaré ese tema en otro post.